*Por Juan Carlos Hernández A.

La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos es la Ley Suprema del sistema jurídico mexicano. Fue promulgada el 5 de febrero de 1917, por el entonces presidente de México Venustiano Carranza en la ciudad de Querétaro y entro en vigor en mayo de ese mismo año.

La Constitución contiene los principios y objetivos de la nación. Establece la existencia de órganos de autoridad, sus facultades y limitaciones, así como los derechos de los individuos y las vías para hacerlos efectivos. Contiene 136 artículos y 19 transitorios, distribuidos en nueve títulos.

En los vaivenes de la vida política del país, una y otra vez se ha tomado protesta para cumplir y hacer cumplir la Constitución, en múltiples actos protocolarios se compromete el recién nombrado funcionario: Senador, Diputado, Gobernador o Presidente de la República y Municipal, también, a salvaguardar las leyes (que al caso competa) y aún más a cumplirlas y velar por que se cumplan, ante ello no cabe duda de que es un gran y serio compromiso.

La constitución es la carta magna, de donde emanan leyes secundarias y en ello va no contradecir en siquiera un ápice de cada palabra, oración, párrafo mucho menos artículo, aunque al parecer vemos un día y otro también como no es del todo respetada y es que amable lector, hoy día vivimos tiempos aciagos, inciertos ante una y otra postura de ver como si violentar la norma jurídica por excelencia. Sin embargo, vemos en el día a día y en temas por lo general, muy relevantes violaciones en repetidas ocasiones a la carta magna, sin que nadie diga nada.

La fortaleza de un país estriba en el cabal cumplimiento y respeto a sus leyes, así nomás. No se necesita mucha sabiduría para darnos cuenta de que, se manipula y menosprecia algunos artículos de la constitución, en detrimento de instituciones, empresa, medio ambiente, y más rubros que implican a la sociedad misma, en quienes recae cada mala decisión de vulnerar la ley. La ciudadanía y no otros son las que pagan los “platos rotos” tremendo es, pero así es.

Pues bien, eso no puede ni debe pasar en México, con respecto al tema de la tan anunciada reforma electoral ya en ciernes de revisión. Por otra parte ¿Quién se atreve a demandar el incumplimiento?  ¿Quién a poner orden? ¿Acaso ya no existe el estado de derecho? ¿o somos un país que menosprecie la ley? ¿Somos apáticos a nuestro entorno e intereses?

La sensatez y prudencia política deben imperar en beneficio del bien común, las decisiones tomadas de manera inteligente y pensadas son las que dan mejor resultado en la inmediatez y a futuro. Es así justo, como se han fundado grandes instituciones al servicio de los mexicanos. Es así de simple. Empero no muchos lo entienden.

Muy pertinente recordar lo que en las ceremonias de toma de protesta se dice: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanan, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la república que el pueblo me ha conferido. Si asó no lo hiciere, que la nación de lo demande”

El tema de las violaciones a la Constitución da para otra columna de opinión. La obligación de respetar la ley es de todos: funcionarios públicos y ciudadanía en general. Qué será lo que no entendemos, para sí hacerlo. Debemos involucrarnos más en la cosa pública, como un derecho, pero también como una obligación de ser y estar más vigilantes.

 

*El autor es maestro en Gestión Social y Políticas Publicas