• Por: Redacción/ TEN/ Política

En una denuncia que retrata la agonía del campo mexicano, los productores de la cadena agave-tequila han alzado la voz contra lo que denominan una crisis sin precedentes, marcada por el despojo, la complicidad oficial y un sistema monopólico que amenaza con la extinción del pequeño productor. Bajo el liderazgo de René Sigifredo Beas Jiménez, presidente del Consejo Nacional Agavero, se denunció que el precio del agave ha colapsado hasta niveles irrisorios de entre 30 y 60 centavos por kilogramo, una devaluación del 97% frente a los costos de producción y a los precios finales de un producto que se vende como artículo de lujo en los mercados internacionales.
Esta catástrofe financiera, que afecta directamente a más de 50,000 familias, se atribuye a la incapacidad de las autoridades federales y a la abierta connivencia del Gobierno de Jalisco con las grandes transnacionales, permitiendo prácticas de mercado que favorecen exclusivamente a los industriales.
La acusación principal apunta hacia el incumplimiento sistemático de acuerdos, particularmente el compromiso asumido ante el gobernador Pablo Lemus Navarro, donde la industria se obligó a jimar los excedentes de agave de las cosechas 2017 a 2019, promesa que ha quedado en letra muerta.
En su lugar, el Consejo Regulador del Tequila (CRT) y la Cámara Nacional de la Industria Tequilera en contubernio con el gobierno estatal han implementado la plataforma Agave Responsable y Social (ARS), calificada por los afectados como una herramienta perversa y discriminatoria.
Según los productores, esta plataforma es un simulacro de compra social que permite a la industria jimar sus propios cultivos del 2021 mientras los agricultores independientes ven pudrirse sus plantas del 2018, consolidando un control total sobre los datos de la cadena productiva que el CRT mantiene bajo una opacidad absoluta.
Más allá de la ruina económica, la denuncia destapa un preocupante fraude al consumidor que impacta directamente en la salud pública.
Los productores señalan que la normativa ha sido modificada “a modo” para reducir la calidad del tequila, pasando de una composición histórica de 80-20 a una permisiva relación de 51-49 de azúcares de agave.
Esta brecha del 49% permite a los industriales sustituir los azúcares naturales del agave por sustancias ajenas y alcoholes de baja calidad, lo que explica las severas reacciones y resacas que experimentan los consumidores actuales.
La autoridad federal, señalan, ha permitido que el prestigio de la bebida nacional se sacrifique en el altar de la rentabilidad industrial, entregando el control de la denominación de origen a intereses extranjeros que violan flagrantemente las leyes antimonopolio.
En consecuencia, se ha propiciado un fenómeno llamado coloquialmente “huachicol tequilero”, en donde ha proliferado la venta de productos al público consumidor, que al encontrarse al alcance de la economía y de fácil acceso en caminos, carreteras y puntos turísticos, son adquiridos principalmente por desconocimiento de lo que es un tequila.
Ante este panorama, el Consejo Nacional de Productores de Agave Azul ha lanzado un extrañamiento público hacia el secretario de Agricultura en el Estado de Jalisco, Eduardo Ron Ramos, y el subsecretario federal, Leonel Cota Montaño, por su sometimiento ante el poder económico de la industria.
Las exigencias son claras, detener la compra por debajo del costo de producción, eliminar la simulación de la plataforma ARS y garantizar la compra inmediata de 200,000 toneladas anuales directamente al productor.
Con el respaldo de la unidad nacional y el amago de movilizaciones sociales que sumen a otros sectores agraviados, los agaveros advierten que este es el punto de quiebre.
Si el gobierno no rectifica sus políticas públicas y frena la explotación de los dueños de la tierra, el campo jalisciense se encamina a una debacle social de dimensiones históricas, es decir, una bomba de tiempo, que se visibilizará durante el próximo evento mundialista, al igual que lo harán muchos otros mexicanos “hartos” de los abusos orquestados por la fallida cuarta transformación.

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