Sáb. Jul 2nd, 2022

Por: Víctor Galindo “Vigaro”

A pesar de tener registrados más de un millar de sitios con valor arqueológico, en Jalisco uno de los problemas a los que se enfrenta el INAH es el de la tenencia de la tierra, situación que no solamente complica la intervención de los sitios, sino que, además, genera vandalismo, saqueo, tráfico de piezas prehispánicas y la destrucción del patrimonio histórico-cultural de México.

Actualmente se tiene abierto al público un solo sitio arqueológico en todo el estado, se trata de los Guachimontones, el cual fue intervenido para su adecuación y rescate por más de doce años, gracias al interés mostrado por los gobiernos de esa época por salvaguardar la riqueza del lugar.

El segundo sitio, ubicado en la región de los Altos, en el municipio de Jalostotitlán y cuyos trabajos fueron suspendidos en la actual administración estatal, es Teocaltitán, “es una de las pocas zonas arqueológicas que no tiene problema con la tenencia de la tierra, porque se adquirió todo el espacio. Se está trabajando desde hace más de once años, quien dirige este proyecto es la arqueóloga Marisol Montejano y se ha estado trabajando en coordinación con la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco.

Ddesgraciadamente hace dos años, el apoyo económico que aportaba el Estado se detuvo y hasta ahora, con los cambios recientes que se hicieron en esa dependencia, es que se volverá a contar con recurso, y de seguir fluyendo este apoyo, esperemos poder abrir esta zona arqueológica que es muy, muy importante para el Estado de Jalisco a más tardar en tres años, dependiendo de lo económico”, explicó la directora del INAH Jalisco, Alicia García Vázquez.

Teocaltitán toma relevancia en esta región de los Altos de Jalisco no solamente por la historia misma de los orígenes de antiguos asentamientos poblacionales en el occidente mexicano, sino que, además, está ubicado en lo que actualmente se llama la ruta de turismo religioso, a solamente cinco minutos de lugares con gran afluencia turística como Santo Toribio Romo y a menos de media hora de San Juan de los Lagos.

“Además de la importancia cultural para la zona, la derrama económica también sería muy importante porque la gente que va a estos espacios a hacer turismo religioso no solamente va y viene un mismo día, puede quedarse a pernoctar, consumir alimentos y otros servicios a fin de visitar la zona arqueológica que es muy especial, muy parecida a Teotihuacán y es una de las estructuras más importantes con las que contamos aquí en Jalisco”, señaló.

Lamentablemente, Teocaltitán es la excepción y es la zona con mayores probabilidades de ser abierta al público, aunque esto está proyectado a tres años, podrían ser cuatro, dependiendo del interés que el actual gobierno estatal tenga para ello; sin embargo, esta pasividad va sentenciando al olvido otros sitios con mucha mayor importancia patrimonial e histórica, cultural, arqueológica y hasta antropológica; tales como el propio caso del Ixtépete, ubicado en Zapopan, a unos metros del anillo Periférico y la Avenida Mariano Otero.

Este sitio, considerado de gran importancia y cuyos orígenes datan de hace más de mil años, sucumbe diariamente al efecto demográfico y a la ignorancia de los visitantes, quienes ingresan a la zona arqueológica con bicicletas, patinetas y vehículos, convirtiendo las estructuras milenarias en simples pistas y rampas extremas.

Este espacio no solamente ha sido utilizado para las prácticas de actividades deportivas, también ha sido expuesta a la presencia humana donde la estructura principal correspondiente al Palacio, es utilizada por cantidades de personas que acuden a ceremoniales durante los equinoccios año tras año.

Aunado a lo anterior, la presencia de personas que utilizan el predio (aún sin regularización) como un lote baldío, a donde acuden drogadictos, indigentes, paracaidistas, entre otros que han convertido la zona arqueológica en un sitio lleno de inseguridad.

Otro lugar de gran valor cultural que yace sepultado y expuesto al deterioro es Santa Quiteria; un lugar de gran magnitud, mayor a los Guachimontones de Teuchitlán, con pirámides circulares similares, pero dentro de un polígono mucho más grande. Enclavada en el municipio de El Arenal, Santa Quiteria enfrenta la voracidad de algunos agricultores que de manera ilegal se adueñaron de este espacio y han desacatado las indicaciones legales que obliga a no hacer uso agrícola de estos terrenos propiedad federal, lamentablemente, haciendo caso omiso, estas personas continúan plantando agave, a pesar de existir una orden que prohíbe hacerlo.

“Esto pone en riesgo de que se pierda este sitio prehispánico, y no solamente eso, también pone en riesgo la declaratoria de paisaje agavero, ya que los productores desconocen que este distintivo se otorga no únicamente por la presencia de la planta tequilana Weber, sino que además se toma en cuenta la riqueza cultural de la región, y los sitios arqueológicos son parte importante de este valor cultural”, dijo García Vázquez.

Ahualulco de Mercado, municipio ubicado en la región Valles del estado padece también la afectación de sus sitios considerados como de importancia arqueológica y cultural, entre otros, las piedras “Bola” en donde la inseguridad es cada vez más latente, convirtiendo este sitio en uno de los más peligrosos de la región, situación que ha obligado a investigadores alejarse y abandonar lugares que encierran tesoros arqueológicos, mismos que podrían quedar expuestos ante la voracidad de particulares que a últimas fechas han talado los alrededores de la cabecera municipal, para cultivos oportunistas como los berries, agave y aguacate, trayendo consigo mayor presencia de personas para trabajarlos, convirtiendo los espacios que le han quitado a los bosques en hacinamientos humanos.

Más al Sur del Estado, enclavado en la Sierra de Amula, otro sitio con gran valor arqueológico se encuentra amenazado por la voracidad de las aguacateras, se trata de “El Cerro Viejo”, ubicado en el municipio de Tapalpa; aquí los trabajos de investigación han sido abandonados ya que al igual que en otros muchos lugares, a lo largo y ancho de Jalisco, por la inseguridad que priva y las amenazas que personas (armadas) hacen a los investigadores, sin importar que se tengan las autorizaciones para ello, obliga a salvaguardar la integridad.

Con este lamentable escenario, la historia, la cultura, la investigación, el rescate de nuestras raíces, la conservación y los beneficios que ello traería con la activación de una economía propiciada por actividades turísticas, se ven truncadas, sometidas por intereses obscuros, alejados de valores universales.

La titular del INAH Jalisco, García Vázquez conminó a las autoridades para que en el ámbito que les corresponde, actúen a favor de la protección de estos lugares, inhibiendo con su presencia y supervisión las prácticas delictivas; de igual manera a los particulares que consideran que tener en su propiedad piezas arqueológicas o saquear los sitios, no lo hagan, pues además de cometer un delito federal sancionable con varios años de prisión, el daño que se causa es irreparable ya que se pierde la contextualización de sus orígenes.

Por lo que invitó a quienes tengan estos vestigios en resguardo, registrarlos oportunamente y mejor aún, regresarlos a los museos para que continúen siendo un patrimonio de todos los mexicanos.

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